“Lola Young: El Arte de Desarmarse en Público”

Hola a todos y bienvenidos. Hoy no vamos a hablar solo de música. Vamos a hablar de lo que pasa cuando el foco de atención es tan brillante que empieza a quemar.

Septiembre de 2025. Estadio de Forest Hills, Nueva York. El festival All Things Go está en su máximo esplendor. En el escenario está Lola Young, una de las voces británicas más crudas, viscerales y prometedoras de los últimos años. Está interpretando “Conceited”. De repente, la música se detiene. Lola se desploma. El personal médico tiene que sacarla en vilo mientras el público pasa del júbilo al silencio y la preocupación absoluta.

Para muchos, fue el impacto de ver a una estrella colapsar por el peso de la fama. Para Lola, fue el punto de quiebre de una batalla que llevaba años librando en la más absoluta intimidad de su mente. Una batalla contra la adicción, el agotamiento y un diagnóstico de salud mental complejo que la acompaña desde la adolescencia.

Hoy, en 2026, tras haber pasado por clínicas de rehabilitación holística, reuniones de Alcohólicos Anónimos y un proceso de reconstrucción personal, Lola Young está de regreso. Pero no regresó pretendiendo que nada pasó. Regresó desarmada, mostrando sus cicatrices. Pónganse cómodos, porque hoy analizamos la trayectoria, la mente y la honestidad radical de Lola Young.

Para entender la complejidad de Lola, tenemos que viajar a Croydon, al sur de Londres, donde nació en enero de 2001. Creció en un hogar donde la música se respiraba: un padre bajista profesional de ascendencia jamaicana y china, y una madre británica que siempre impulsó su creatividad. Lola no fue un producto de laboratorio. Ella misma suele decir en las entrevistas, con esa honestidad tan suya: “Tuve que entrenar muchísimo, no salí del vientre materno siendo Beyoncé”.

A los 11 años ya componía. Más tarde entró a la prestigiosa BRIT School, la misma incubadora de talentos de donde salieron Adele y Amy Winehouse. Y es inevitable que la comparen con ellas. Su voz es ahumada, rasposa, profunda. Pero lo que realmente la diferenciaba no era solo el rango vocal… era lo que decía.

Sin embargo, mientras su talento crecía, su mente experimentaba una realidad distinta. A los 17 años, Lola recibió un diagnóstico que cambiaría su vida: Trastorno Esquizoafectivo.

A menudo este trastorno se confunde con la depresión clínica o el trastorno bipolar. Pero la realidad es más compleja. El trastorno esquizoafectivo combina los cambios drásticos de ánimo —como la manía o la depresión severa— con síntomas propios de la esquizofrenia, como pensamientos intrusivos muy invasivos, delirios o distorsiones de la realidad. Lola ha revelado recientemente que en su familia ya existían antecedentes; dos de sus tíos padecían esquizofrenia y, trágicamente, fallecieron a causa de ello.

Imaginen por un segundo tener 17 años, intentar descubrir quién eres, querer comerte el mundo a través de la música, y al mismo tiempo lidiar con una mente que, en sus propias palabras, “se distrae y a veces se va por completo”. De hecho, el título de su álbum debut de 2023, My Mind Wanders and Sometimes Leaves Completely, es un vínculo directo y literal a este trastorno. Su música nació ahí, en el intento de ordenar el caos de su propia cabeza.

La industria musical descubrió rápidamente que la vulnerabilidad de Lola vendía. En 2021, su versión de “Together in Electric Dreams” para el famoso anuncio de Navidad de John Lewis la puso en el mapa masivo. Llegaron las nominaciones al BRIT Award como “Rising Star”, los elogios de la crítica, las invitaciones a los late-night shows de Jimmy Fallon o Graham Norton.

Pero el verdadero fenómeno llegó con su segundo álbum en 2024: This Wasn’t Meant for You Anyway. Y específicamente con una canción que seguro han escuchado en TikTok o Spotify: “Messy”.

“If I’m generic, then you’re a joke… I’m a bit messy, but you’re a mess.”

La canción se volvió un himno global de la imperfección. Millones de personas conectaron con esa Lola que cantaba despeinada frente a la cámara de su teléfono, sin filtros, directa. El tema acumuló cientos de millones de reproducciones. A ojos del mundo, Lola Young lo estaba logrando. Estaba en la cima. En 2025, la mismísima Billie Eilish la invitó a abrir sus conciertos en París dentro del Hit Me Hard and Soft Tour.

Pero aquí es donde la línea entre el arte y la supervivencia se vuelve delgada. Cuando tu marca registrada es la crudeza emocional, la presión por mantenerte expuesta es asfixiante. En septiembre de 2025, Lola lanza su tercer álbum, con un título desgarradoramente autocrítico: I’m Only Fking Myself (Solo me estoy jodiendo a mí misma).

Un álbum que gira en torno al sexo como validación, las malas relaciones, una salud mental deteriorada y, sobre todo, el uso de sustancias. Durante la grabación de ese disco, Lola estaba viviendo lo que cantaba. Para amortiguar los altibajos del trastorno esquizoafectivo, la ansiedad de las giras y el escrutinio público, Lola recurrió a las drogas. Específicamente, a una adicción a la cocaína que empezó a consumir su cuerpo y su estabilidad.

El cuerpo y la mente siempre pasan factura. No importa cuántos seguidores tengas en TikTok o cuántos millones de streams acumules. Antes del colapso en Nueva York que mencionamos al principio, ya había señales de auxilio. En abril de 2025, en pleno festival de Coachella, Lola tuvo que salir corriendo del escenario con náuseas y arcadas debido a la ansiedad física. En junio, en el Summertime Ball, el fallo de sus monitores de oído le provocó un ataque de pánico que la redujo a las lágrimas frente a miles de personas.

El colapso de septiembre fue el freno de mano que la vida le impuso. Tras ese incidente, Lola tomó una decisión que a muchos artistas les aterra: canceló el resto de su gira por Norteamérica y Europa, apagó las luces y se retiró del ojo público.

Recibió críticas. En redes sociales, el algoritmo no entiende de salud mental; el algoritmo exige contenido constante. Pero Lola, demostrando la misma fuerza que tiene al cantar, respondió hace poco en una entrevista para Rolling Stone: “Hubo un montón de odio, pero ¿sabes qué? Al carajo. Tuve que priorizar mi vida”.

¿Dónde estuvo Lola durante esos meses de silencio a finales de 2025 y principios de 2026? Hace apenas unas semanas, en marzo de este año, Lola concedió entrevistas profundamente reveladoras a The Sunday Times y Rolling Stone. Explicó que pasó dos meses internada en una instalación residencial holística, un centro especializado en adicciones y salud mental.

Lo hermoso de sus declaraciones recientes es cómo redefine la palabra “recuperación”. Ella dice: “Cuando estás en recuperación, eso no necesariamente tiene que significar drogas. Para mí, específicamente, sí lo es. Pero la recuperación es un proceso continuo de salud mental”. Hoy asiste a Alcohólicos Anónimos. Hoy entiende que el trastorno esquizoafectivo no es algo que se “cura”, sino algo con lo que se aprende a convivir con las herramientas correctas, con terapia, con límites y, sobre todo, con sobriedad.

La historia de Lola Young hasta este día de hoy, en 2026, no es una tragedia. Es una historia de triunfo, pero de un triunfo real, no uno de alfombra roja.

Recientemente ha regresado a los escenarios en Los Ángeles y el Reino Unido. Quienes han visto sus nuevos shows en vivo describen algo casi religioso: una artista que sigue teniendo la misma fuerza volcánica en la voz, pero cuyos ojos reflejan una paz que antes no estaba. Ella misma lo ha dicho en sus redes: “Tocar en vivo es mi lugar feliz”. Pero ahora lo hace bajo sus propios términos. Está anunciada para festivales masivos este año, como el 25 aniversario del Austin City Limits y el All Things Go, el mismo festival donde un día cayó, y al que ahora regresa de pie.

Lola Young nos ha dado una lección fundamental a todos: el arte puede nacer del dolor, pero el artista no tiene por qué morir por él. Exponer un trastorno esquizoafectivo y una adicción al mundo entero cuando tienes solo 25 años requiere un coraje sobrehumano. Al hacerlo, Lola rompe el estigma, humaniza la industria de la música y nos recuerda que está bien detenerse, que está bien decir “no puedo más” y que buscar ayuda es, de hecho, el acto más valiente que existe.

Si te gusta su música, escúchala con otros ojos a partir de ahora. Detrás de cada grito rasgado, hay una mujer que decidió salvarse a sí misma.

Muchas gracias por acompañarme en este episodio. Si te ha hecho reflexionar, déjame tus comentarios aquí abajo: ¿qué canción de Lola Young es la que más te toca el corazón? No olvides suscribirte y nos vemos en el próximo video. Cuídense mucho, y cuiden su mente.

Chao chao.